| Canal: Mujer |
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| En la encrucijada |
| ¿Cómo congeniar las ambiciones profesionales con otros objetivos de vida? ¿El éxito equivale al progreso en la carrera? ¿Se puede ser fiel a los valores personales y a los principios corporativos al mismo tiempo? Son algunas de las preguntas que afligen a las mujeres en cargos ejecutivos, y que investigadores del Center for Creative Leadership responden.
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A medida que las mujeres afirman su posición en el mundo ejecutivo, las cuestiones que las inquietan varían: del acceso al directorio a una mayor comodidad en sus elecciones personales. Esta situación representa un cambio y una expansión en la clase de problemas que típicamente enfrentaban las mujeres exitosas antes, lo más importante eran los obstáculos laborales vinculados con el género -acoso, aislamiento, necesidad constante de encajar y demostrar el propio valor-; ahora, el énfasis está puesto en los estilos de vida cambiantes, en las elecciones y los compromisos, en las fuerzas que influyen en las decisiones y en las estrategias con que las mujeres triunfadoras se labran carreras significativas y satisfactorias.
Muchas mujeres se encuentran frente a una encrucijada: los caminos tradicionales en las carreras profesionales parecen claros pero, también, insatisfactorios o imposibles de transitar, mientras que los nuevos senderos que permitirían una vida más plena, son complejos, inciertos y ambiguos.
Algunas preguntas que desvelan a mujeres en cargos ejecutivos son: ¿qué significa ser una gerente exitosa?; ¿el éxito equivale al progreso en la carrera o a algo más?; ¿cómo tomo decisiones sobre mi vida?; ¿cómo puedo fusionar mis ambiciones profesionales con mis otros objetivos de vida?; ¿puedo ser fiel a mí misma y a mi organización al mismo tiempo?; ¿puedo desarrollar todo mi potencial en este trabajo?; ¿qué estoy perdiendo al tener éxito en mi trabajo?; ¿cómo acceden al poder las mujeres?; ¿qué estilo político efectivo me resulta cómodo?; ¿cómo puedo mostrar seguridad en mí misma de manera eficaz? Estos interrogantes reflejan preocupaciones muy diferentes de las que afligían a las generaciones previas de mujeres triunfadoras; otro elemento distinto es que, ahora, son muchas más las que ponen en tela de juicio su vida profesional. En una investigación de 1999, el profesor de la Universidad de Connecticut Gary Powell llegó a la conclusión de que la proporción de mujeres en el management había aumentado drásticamente de la década de 1970 a la de 1990. Y, según un informe del año 2000 de Catalyst (organización sin fines de lucro dedicada al estudio del éxito de las mujeres en el mundo laboral) ellas ocupan el 12,5 por ciento de las posiciones ejecutivas en las corporaciones del ranking Fortune 500, un crecimiento de 8,7 por ciento respecto del que ostentaban en 1996.
Sin embargo, que más mujeres ocupen posiciones de poder no significa que haya terminado la discriminación: el techo de cristal todavía existe, pero tiene grietas y cada vez más personas presionan contra él. También son más numerosos los individuos que detectan problemas intrínsecos fundamentales en el diseño del trabajo y de las organizaciones. En el libro Unbending Gender, la abogada Joan Williams señala que las organizaciones definen al empleado ideal como alguien que antepone el trabajo por sobre todas las necesidades de su vida y nunca se toma tiempo para atender o cuidar de los demás.
Los sistemas de promoción y recompensas se basan en los esquemas tradicionales de vida de los hombres y, por ende, no se acomodan al esquema de las mujeres, quienes han sido las principales responsables del cuidado de la familia.
Los sistemas de promoción formales y tácitos en las empresas se ajustan al ideal del gerente hombre y casado. En un artículo publicado en Harvard Business Review, Debra Meyerson y Joyce Fletcher explican que las organizaciones han sido creadas para los hombres, sobre la base de sus experiencias e ideales. Consideran que la inequidad de los géneros es una característica de las organizaciones modernas, en las cuales una visión particular de la masculinidad da forma a la cultura y las normas. Según esta visión, las organizaciones asignan prioridad absoluta al trabajo, ponen el acento en los logros individuales y en la competencia, y definen el éxito en términos de recompensas financieras. | | La disminución de los problemas de acceso a cargos relevantes y el mayor número de mujeres en las filas gerenciales son, sin dudas, acontecimientos positivos, pero todavía sabemos más sobre cómo ayudar a los hombres a desarrollarse como gerentes que sobre cómo ayudar a las mujeres en este ambiente de matices masculinos. La sabiduría convencional basada en la experiencia de hombres blancos casados no se traslada fácilmente a las mujeres, ni sus carreras pueden ser consideradas como simples excepciones a la experiencia masculina. Las gerentes mujeres y quienes trabajan con ellas deben aprender a moverse en el nuevo entorno, y sus organizaciones deberían saber cómo desarrollar a las mujeres en un paisaje que las acepte cada vez más. |
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